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Clubes de lectura: Una experiencia colectiva

Clubes de lectura: Una experiencia colectiva

Una librería se compone de muchos elementos, no solo de los libros que se exhiben, el factor humano es primordial para que se construya como un espacio de encuentro. Para quienes trabajamos en torno a la cadena del libro esa conexión es irreemplazable. Sin embargo, la situación que atravesamos entre cuarentenas y restricciones de movilidad, han hecho que tengamos que adaptarnos para no perder el contacto con los lectores, que es la esencia de nuestra labor.

Los clubes de lectura son una gran herramienta en torno a la discusión de las experiencias personales al leer, en ellos es posible construir una nueva mirada que se conforma de todas las impresiones, los contrastes de opiniones de lo que genera en cada participante un determinado libro.

Las posibilidades que abre el compartir estas impresiones son infinitas, porque responden a la forma en que los comentarios individuales enriquecen la discusión colectiva, donde cada uno de los participantes del club aporta con su mirada al grupo y juntos redescubren su lectura, que se transforma en algo diferente y lleno de nuevos matices.

Como librería, una de nuestras principales motivaciones es generar espacios de discusión, acompañar a los lectores en su camino y compartir nuestras lecturas. Gracias a esto, hemos ido conociendo grandes lectores, que comparten esta pasión y a lo largo del camino han ido formando maravillosos clubes de lectura, a quienes les pedimos que compartieran esta gran experiencia con nosotros, a continuación les presentamos sus impresiones:

Cristian Aguila: El acto de la lectura permite una comunicación entre dos seres humanos.

“Cuando las ideas se concretan y se te escapan de las manos, pueden ocurrir diversas situaciones. Una de ellas es que superen con creces la matriz inicial. Tras el paso del tiempo, te das cuenta que el plan inicial no te pertenecía, que participabas de la idea, que eras meramente una causa instrumental.

Club de lectura Cristián Aguila

Llevaba un par de años construyendo el plan de reunir a un grupo de personas interesadas en la lectura. Quería motivarlos con mis años de lector, con los libros que me habían hecho mella y que tocaban las fibras más relevantes de mi historia. Quería compartir mi experiencia de lector, pero también anhelaba despejar las dudas y cuestionamientos que los libros me planteaban y que no podía responder por mi mismo. Estaba consciente que los libros nos hablan a cada uno según quienes somos, y es por esto, que en cada persona se puede encontrar una percepción de la obra distinta de la que uno puede tener. También estaba consciente que cada novela o poesía o cualquier otro género narrativo, es en sí misma una obra objetiva, con una lógica interna, con sus propios decretos y reglamentos, dictados a conciencia o no por su autor. Y también intuía, que la razón poética de cada obra literaria estaba enraizada de una manera u otra con el escritor, porque la causa está a veces de una manera patente contenida en sus efectos.

Todo nació mientras caminábamos con un grupo de futuros grandes amigos, en ese momento meros conocidos, por los estragos del Gran Incendio de Valparaíso del 2014. Conversando con ellos, recordé las mariposas negras de Fahrenheit 541 y el incendio de la Abadía de El Nombre de la Rosa. Otro recordó el incendio de la Biblioteca de Sarajevo, destruida por bombas incendiarias disparadas por las milicias serbias, a finales de agosto de 1992. Tras caminar por un buen tiempo reflexionando, nos dimos cuenta que nos embargaban dos ideas: el dolor ante la pérdida material de quienes lo habían perdido todo y los libros. En ese momento les expuse la idea de un grupo literario, una suerte de club, donde además de la humanidad, el elemento común era la pasión por leer y donde nos reuniríamos mensualmente a compartir nuestra experiencia lectora en torno a un libro leído previamente. A todos les entusiasmó el proyecto. Saqué de mi celular un listado con los libros que tiempo atrás había propuesto a mi memoria o que mi memoria, más bien, me había propuesto. La mayoría inició a proponer los propios. En breves segundos, se formó una comunidad atravesada por la tinta, el papel y la pasión por la narración: el coro de una tragedia griega, los miembros de la sociedad semanal de El hombre que fue Jueves, bebedores de tintas. El socio fundador invitó a su hermano, este invitó a un amigo, quien convidó a su polola, quien participó a una amiga. Así el grupo fue creciendo hasta no encontrarnos cómodos en mi living. Poco a poco, fueron aumentando las páginas de esta novela. Paul Auster tiene razón cuando señala que la literatura es esencialmente soledad. Se escribe en soledad, se lee en soledad, y pese a todo, el acto de la lectura permite una comunicación entre dos seres humanos.

Comenzamos a invitar a comentadores de los libros que leíamos, profesores universitarios o diletantes de la literatura, que empezaron a participar mes a mes. Los contactábamos por email o los llamábamos por teléfono. Aparecían, primeros huidizos, sopesando que terreno pisaban, justificando sus personajes favoritos, para luego dar vuelta la trama. Hoy también forman parte de esta familia literaria. Porque eso resultó de todo esto. Algunos de nosotros, conocimos aquí a nuestras actuales mujeres. Nos casamos y escribimos la epopeya diaria con el endecasílabo del amor. Otros han marchado. Los menos han vuelto. Unos cuantos han ingresado de cero. Pero para todos, las reuniones mensuales de literatura les ha dejado poso. Año tras año, amamos juntos a los mismos personajes u odiamos juntos la misma trama. No hay nada más increíble que descubrir en comunidad la clave de algo. El verbo descubrir tiene incluso un rasgo comunitario en su origen. Lo que se desvela es para que los ojos lo contemplen. Y curiosamente tenemos más de uno. La misma literatura nació de la palabra hablada y escuchada, narrada de generación en generación, hasta que llegó Homero y la puso por escrito.

Y empezamos a descorchar un vino y a destapar unas cervezas. Y a conversar con la comida entre los labios, aunque nuestros mayores nos hubiesen enseñado que eso no se hacía.

Una vez le escuché a un escritor, que la escritura debía partir de una necesidad por escribir. Una necesidad no por ser reconocido, ni loado, ni aplaudido. Sino por el solo hecho de escribir. Lo mismo sucede con leer. La lectura nace no para imponer su visión de las cosas, ni para aumentar los conocimientos. El hábito de leer por el mero gusto, porque sí, porque me da la gana, es la muestra más racional de nuestra interioridad. Las pasiones gregarias apasionan. Y los libros generan un círculo virtuoso, el del leer, el de enfrentar la realidad con un espíritu crítico, el de conocerse- que como decía el escritor francés Mauriac, lo poco que sabemos de nosotros mismos, a veces, nos lo ha sugerido en voz baja el personaje de un libro. Pero también de examinar la condición humana, con sus mayores alegrías, con sus más cruentas tragedias. Los libros se han transformado en nuestros amigos, como los miembros del Club de literatura, en el que cada uno son la mejor novela que me ha tocado leer.”

Cristián Águila Jorquera, (fundador de un club de lectura hace 8 años).


Paula Peters:  un libro es SIEMPRE mejor después de que se comparte

“He tenido mucha suerte. Primero de toparme con grandes lecturas en mi vida, pero tan importante como esto, es el haber podido tener un grupo con quién compartirlas. He pertenecido a un club del libro en las últimas tres ciudades en que he vivido, incluso dos a la vez. Y si bien leer libros es parte fundamental para poder hacerlo, el regalo de releerlo desde los ojos de otro, es lo que más valoro. Van pasando los años (en uno de ellos llevamos juntándonos con algunas intermitencias desde 2009) y en el camino se va compartiendo la vida. Algunas se van, otras vuelven, otras se mantienen cerca, todas bienvenidas.

Club de lectura Paula Peters


Venimos de muy diversas áreas profesionales pero lo que nos une es el gusto por la discusión, por esa mágica certeza de que un libro es SIEMPRE mejor después de que se comparte. En el camino, con acuerdos y desacuerdos, visiones similares o diametralmente opuestas, hemos ido construyendo una entretenida dinámica que permite complementar la mirada, entender las intenciones del autor, la época en que lo escribió, en la que lo situó o identificarse u odiar a algún personaje.

Me he dado cuenta de que no siempre todos los libros son buenos para el club y para serlo depende de los temas que puedan alentar la discusión: que sean provocativos, que nos dividan y nos vuelvan a conectar. Un libro puede ser bueno para leerlo en solitario, pero hay otros que al terminarlo cierro los ojos y digo. “¡qué ganas de haberlo compartido en el Club!”.

Para llevar la cuenta registramos las lecturas, las asistentes y le ponemos una nota. Como varias tenemos cuenta en Goodreads (¡la recomiendo!) adoptamos la calificación de 1 a 5 estrellas. Personalmente me cuesta entregarlas todas. Es como un síndrome de la glotona en la pastelería probándolo todo, pero sabiendo que el mejor sabor está por llegar. Así es que soy bien tacaña con mis estrellas, aunque debo de reconocer que casi siempre entrego más de las que llevaba a la reunión después de descubrir los tesoros que encontraron, entre líneas, mis compañeras.

SÍ, compañeras, porque somos sólo mujeres. Qué curioso, no sé bien porqué, supongo que los hombres también leen :) pero es un espacio rico y deslenguado en el que la confianza es clave. Por lo que salvo un par de ocasiones en que hemos tenido un invitado especial, la conversación se mantiene siempre entre nosotras.

La pandemia no nos ha frenado, aunque estar un minuto más frente a una pantalla para muchas es todo un desafío. Le quita el arreglarse, trasladarse y comer más de lo que quisiera, así es que algo de bueno tiene. Pero ansío volver a vernos, poder reírnos fuerte y darnos un gran abrazo hasta el próximo mes.”

Paula Peters (fundadora de un club de lectura hace más de 10 años).


Conocer el proceso de estos círculos de lectura y participar de ellos, nos permitió comprender el alcance que tiene el compartir una actividad que suele ser relegada a espacios exclusivamente personales.

La idea de crear un hábito de lectura suele ser entendida como una tarea, como un punto más en la lista de pendientes. Como librería queremos darle una vuelta al concepto de leer, porque para nosotros es una experiencia, una forma de existir.

Bajo esta consigna nace el Club del libro de Qué Leo Trapenses a cargo de Catalina Pulgar, librera y mediadora de lectura, quien propone apreciar la lectura desde otro lugar. El ciclo 1 se llama “Vivir leyendo” y es una invitación a formar un vínculo con los libros, la lectura y la posibilidad de compartirla.

Club de lectura Qué Leo Trapenses


A través de una caja literaria, los participantes del club recibirán las lecturas y el material complementario cada mes, para luego discutir sus impresiones en sesiones vía zoom, construyendo así una experiencia colectiva de lectura, les invitamos a participar y compartir con nosotros esta increíble experiencia.

Los cupos son limitados, puedes revisar aquí en detalle las modalidades de inscripción.

Equipo Qué Leo Trapenses.